miércoles, 8 de marzo de 2017

Ganas o pierdes

El cerebro humano es un campo apasionante y enorme. Constituye la base hegemónica de la maquinaria que forma el resto del cuerpo humano, y que sirve para realizar lo que el cerebro mande.

Al parecer, la complejidad de nuestro seso abarca la posibilidad de hallar diferencias entre distintas personas sobre su sesera. Esto lleva a la conclusión de que cada persona nace con unas capacidades diferentes, innatas lo tradicionalmente llamadas  “dones” o “talentos”. Wolfang A. Mozart era capaz, a muy temprana edad, de copiar completamente una sinfonía, con todos sus componentes, únicamente escuchándola una vez. A parte de su capacidad retentiva, y rítmica, aquí influye un efecto muy sonado últimamente y que trata sobre la altura: el oído absoluto.

El oído absoluto es la capacidad innata de identificar y reproducir exactamente la altura correspondiente a la nomenclatura de una nota, que poseen algunas personas.

Sin embargo, este no es el único sistema de tener un oído “impresionante”, también existe el oído relativo o entrenado. Como las dos palabras indican, es el oído que saca la altura de las notas por relatividad a otras ya conocidas y, entrenado, porque se adquiere después de mucha experiencia musical. La pregunta está en dónde encontramos la línea que divide un oído absoluto de un oído relativo, y si llega a haber una línea confusa entre los dos, ese “don” que algunos tienen, explicado al principio, ¿se nos diluye?

Cuando una persona nace con oído absoluto, su deterioro es fácil e irreparable si no se entrena, si no se usa. Cuando, en contraposición, si naces con un oído del montón, pero lo entrenas y ejercitas, llegarás a tener la precisión del absolutismo auditivo. Con todo ello, ¿es mejor tener el don, o ganártelo con sudor?, en todo caso ¿nos sirve para algo si se inutiliza?



José Carlos Palmero Casanova

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